Ordenadores en clase

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Un nuevo estudio pretende la que las sociedades tomen de nuevo el hábito de utilizar papel y bolígrafo en las clases, argumentando que el ordenador resulta una distracción y que la consecuencia es una peor comprensión del material explicado. La pretensión coincide con fuertes discusiones que llevan años teniendo lugar en el ámbito académico sobre ese mismo tema.

Pretender que volvamos al papel y al bolígrafo en pleno siglo XXI no puede ser un error más grave, y una prueba de que los estudios que pretenden evaluar el uso del ordenador en clase están, sencillamente, mal diseñados.

Es completamente absurdo. Cuando además se mezcla con ideas absurdas como el papel de la escritura en la psicomotricidad fina, unas habilidades que se desarrollan de manera mucho más eficiente con otro tipo de trabajos o ejercicios, la consecuencia es una cuadrilla de profesores pretendiendo eliminar de las clases la herramienta más poderosa y eficiente que hemos tenido nunca para replantear la educación, y una pretensión de seguir enseñando como lo hemos hecho siempre, con apuntes y clases magistrales, porque curiosamente, de forma “misteriosa”, es la manera que mejor funciona en las pruebas diseñadas para evaluar únicamente ese tipo de educación. Y cuando las métricas están mal, las conclusiones son sencillamente erróneas.

En efecto, los ordenadores en una clase pueden ser una fuente de distracción. Por supuesto que pueden serlo. Un ordenador es un dispositivo multifuncional, que permite hacer de todo, que aúna funciones de comunicación, con otras de entretenimiento y con infinidad de propósitos susceptibles de generar estímulos poderosos capaces de deteriorar la concentración en una clase. En ese sentido, tenemos que tener en cuenta que estamos evaluando a alumnos que nunca fueron adiestrados para utilizar un ordenador en clase, que lo usan porque a ellos les pareció cómodo tomar notas mediante el teclado frente a hacerlo a mano, algo en lo que están completamente en lo cierto: tomar notas de manera analógica implica un esfuerzo incómodo que genera un material que está en un soporte fósil, que no puede ser compartido más que mediante métodos tan arcaicos como hacer fotocopias. Pretender que las nuevas generaciones sigan así, tomando notas con papel y bolígrafo para fotocopiarlas y dejárselas a sus amigos parece ser un insulto a la inteligencia, y una limitación enorme en la manera de entender la educación.

El problema de la falta de adiestramiento formal en el uso de un ordenador en clase es que todos los que lo utilizan han aprendido por su cuenta, y en general, lo hacen mal.

¿Qué supone utilizar un ordenador en clase?

Debería conllevar una cierta disciplina, una eliminación de las notificaciones, un intento de concentrarse en la función para la que se está pretendiendo maximizar el rendimiento. Debería implicar también un uso bidireccional: si se pretende utilizar un ordenador en una clase diseñada de manera unidireccional, en formato magistral, con un profesor contando cosas y los alumnos escuchando, el resultado es posible que no sea bueno, por multitud de factores. Pero es que las clases hace ya muchísimos años que deberían haber abandonado el formato magistral, el de la mera transmisión de información unidireccional entre profesor y alumno. El material debería ser facilitado al alumno nunca como apuntes, si lo que se pretende es que los alumnos tengan unas notas de lo que se les está contando,  lo más fácil es entregárselas por medio de un enlace, no hay que obligar a los estudiantes a copiar lo que el profesor dice, porque el mero acto de copiar distrae con respecto a la comprensión de lo que se les está contando Lo ideal es pedirles a los estudiantes que se concentren en la explicación. Hay que  abandonar esa creencia de que “si lo copian en clase lo retienen mejor”, porque de hecho, que “retengan”, es decir, que “memoricen”, jamás debería ser la variable más importante.

Memorizar está enormemente sobrevalorado. De nuevo, una actitud que proviene de cuando la información era difícil de obtener porque había que desplazarse para ello, y que tendríamos que, en plena era Google, redefinir completamente: la memoria se alimenta con algoritmos RFV (recordamos lo más Reciente, lo más Frecuente y aquello a lo que más Valor atribuimos), y pretender forzar esos algoritmos obligando a los alumnos  a pasar horas con los codos hincados ante unos apuntes es, sencillamente, antinatural y absurdo, no lleva a nada bueno. Nadie es mejor profesional de nada por saberse de memoria unos conocimientos determinados, y lo que la educación debería fomentar es que se entendiesen las cosas y se supiesen recuperar de un archivo al que tenemos acceso en todo momento con un simple dispositivo: lo verdaderamente importante, lo que necesitamos constantemente, ya se memorizará solo por reiteración en su uso.

¿Por qué se dice que es un error que los alumnos tengan ordenadores en clase?

Error no es; el problema es pretender evaluar el ordenador, de nuevo, una herramienta poderosísima, midiéndolo erróneamente mediante tests basados en la retención de información. Es un error, empezando porque esa clase que se pretendió evaluar ya estaba, de por sí, completamente mal planteada, era obsoleta en su concepción, y no se adecuaba en absoluto a lo que deberían pretender como fin de la educación. Mientras sigan evaluando así, por supuesto, seguirán quejándose de que el alumno retiene menos cuando usa un ordenador que, además, ni siquiera le han explicado cómo utilizar para extraer rendimiento de sus clases, y pretenderán que sigan tomando notas con papel y bolígrafo.

No se puede partir de la idea de que el fin de una clase es que los alumnos salgan de ella con unas notas que reflejen lo que dijo el profesor, porque eso, sencillamente, no tiene ningún sentido. Obviamente, si se instruye a los alumnos en la toma de apuntes y de ello dependen sus posibilidades de preparar un examen, se pasarán toda la clase copiando o tecleando. Es terriblemente difícil hablar sobre educación con quienes piensan que todo está bien y que tenemos que preservar la esencia de cómo se ha hecho durante siglos, porque la gran verdad es que la educación a estas alturas de la vida y en la era tecnológica en la que vivimos es un desastre, es muy poco eficiente, y está basada en tristísimas rutinas que detraen mucho más valor del que realmente aportan. La educación necesitaría un replanteamiento tan radical, que lo que quedaría después de pasar por el mismo sería algo completamente diferente, procesos diseñados de manera completamente distintas, muchísimo más centrados en elementos que de verdad harían que las personas aprendiesen y se formase mejor, no se limitasen a ser capaz de repetir mantras obsesivamente durante un examen y, como mucho, una semana después. Mientras no replanteen eso, pretender eliminar los ordenadores – o no plantearse siquiera ponerlos – porque “dificultan la retención” es de una irresponsabilidad brutal. A este paso, las instituciones educativas terminarán siendo lugares separados y aislados del resto del mundo, donde los alumnos no pueden entrar con “esos artefactos maléficos del diablo” porque “se distraen”, y donde les implantaran un nuevo sistema operativo cerebral para disminuir sus capacidades y que piensen como pensaban hace mucho tiempo. Como principio general sin excepción se necesitan más ordenadores y dispositivos en clase, no menos, y de paso, hay que replantear cómo dan clase y si conceptos como el tomar apuntes, la retentiva y muchos otros, en pleno siglo XXI, siguen teniendo algún tipo de sentido.

Fuente: enriquedans.com

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